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invitada

Edición 1 | Columna Invitada | Junio 2020

chistian 

 Christian Skoog

Representante de UNICEF en México


 

La familia: núcleo fundamental de la
sociedad para la protección y el desarrollo de niñas, niños y adolescentes
 

 

La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) reconoce a la familia como el medio natural para el crecimiento y el bienestar de los niños, niñas y adolescentes, así como el núcleo central para su protección. Este papel de la familia está sustentado también por la evidencia científica que demuestra cómo el desarrollo físico, neurológico y afectivo de todo niño o niña se da adecuadamente, cuando los cuidadores atienden de manera oportuna sus necesidades y además le brindan apego y cariño. Esto es particularmente importante en los primeros años de vida, que es cuando los niños y niñas desarrollan 80% de su cerebro.[1]

En su entorno familiar, los niños y niñas necesitan de amor, cariño e interacción a través de relaciones directas que varían según la edad. En los primeros años, se trata de hablarles, cantar con ellos, ofrecerles cariño, etc. Más adelante, es importante interactuar a través del juego y, durante la adolescencia, la relación se transformará en una de habla y escucha, de acompañamiento y guía en la transición a la vida adulta. Siempre, en todas las etapas, el cariño, el respeto y la escucha son elementos clave para la crianza.

Ser padre o madre no es fácil. Los niños y niñas no vienen con un manual de instrucciones y generalmente los adultos repetimos los patrones de crianza recibidos de nuestros progenitores, por lo que es importante recordar que no todo padre, madre o cuidador ha crecido con patrones de crianza cariñosos y respetuosos, y puede requerir de apoyo para evitar la negligencia o el abuso físico y emocional. Asimismo, es importante destacar que algunas familias viven bajo constantes amenazas: desempleo, pobreza e inseguridad económica, falta de apoyo de la familia más amplia o de redes apoyo y servicios, violencia intrafamiliar o comunitaria, enfermedades crónicas o discapacidades, por mencionar sólo algunas.

Por eso, como está explicitado en la CDN y en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en México, el Estado tiene la obligación de brindar apoyo y asistencia adecuados a las familias que los necesiten para poder cubrir cabalmente con sus funciones, independientemente de su composición o forma de constitución.

¿En qué consisten estos apoyos? Ante todo, programas de crianza positiva y de parentalidad que puedan ser combinados con estrategias de identificación de familias en riesgo, acompañamiento cercano y canalización a servicios específicos para familias que presentan indicios de riesgos (negligencia, discapacidad, desempleo etc.).

Los incentivos económicos, aunados a otros programas de protección y asistencia social, pueden tener un impacto importante en la preservación de la unidad familiar y su capacidad de cuidado.

De acuerdo con el conjunto de estrategias INSPIRE[2] para poner fin a la violencia contra niñas y niños, elaborado por diversas organismos y organizaciones internacionales, existe evidencia suficiente para afirmar que el apoyo a padres, madres y otros cuidadores, tanto en términos de incentivos económicos como de enseñanza de prácticas de crianza positiva, previene la separación de niñas y niños de sus familias, el riesgo de maltrato y el comportamiento violento durante la infancia y adolescencia.

A tal fin, es necesario diseñar y fortalecer programas integrales como las visitas domiciliarias, el apoyo basado en grupos y la formación sobre crianza y buen trato a niñas, niños y adolescentes, pues han demostrado su eficacia en cuanto a reducción de la violencia y prevención de la separación familiar innecesaria.[3]

El Estado debe enfocar sus esfuerzos en el desarrollo e implementación de políticas públicas, programas y servicios de apoyo para que las familias, particularmente aquellas en condiciones de exclusión y vulnerabilidad, fortalezcan su capacidad de criar adecuadamente a sus hijas e hijos.

Hoy más que nunca, dadas las condiciones creadas por la pandemia de COVID-19 y sus repercusiones económicas y sociales, será fundamental adoptar una estrategia amplia de soporte y fortalecimiento a familias con niños, niñas y adolescentes.

Muchas familias, afectadas por la pobreza incluso antes de la pandemia, enfrentan ya o pronto enfrentarán retos aún mayores en cuanto al debido cuidado de sus hijos e hijas. El aumento del estrés y las frustraciones asociadas con el confinamiento seguirán incrementando la violencia y el maltrato infantil en el hogar. Algunos niños y niñas podrán enfrentar incluso la pérdida de sus principales cuidadores.

Ante este complejo escenario es primordial habilitar servicios que fortalezcan los entornos familiares y asegurar los recursos necesarios para que los niños, niñas y adolescentes puedan permanecer en sus familias y comunidades y no entren al sistema de protección y cuidado alternativo, algo que perjudica en general su desarrollo – particularmente si implica su ingreso a un Centro de Asistencia Social o cuidado residencial,[4] lejos de un entorno familiar y comunitario – y que a la larga resulta más costoso para el Estado.

Invertir en la familia como entorno protector y de crianza es una inversión a futuro: los niños y niñas que han recibido de sus cuidadores el cariño y guía necesarios para su desarrollo serán adultos independientes y resilientes.


[1] https://www.unicef.org/parenting/child-development/most-important-phase-life-class

[2] https://iris.paho.org/handle/10665.2/33741

[3] INSPIRE. Siete estrategias para poner fin a la violencia contra los niños y las niñas. Washington, D.C.: OPS, 2017.

[4] Diversos estudios demuestran que el costo del cuidado residencial puede llegar a ser 11 veces mayor a la inversión en servicios sociales para familias vulnerables y 3 veces mayor a la inversión en otras formas de cuidado alternativo de base familiar. Browne, K. The risk of harm to young children in institutional care. Save the Children, 2009. https://wordpress.foundationcenter.org/elevatechildren/wp-content/uploads/sites/33/2018/12/Orphanages_Funding_Infographic_NEPAL_print.pdf?_ga=2.148626231.1873596628.1589494989-601388701.1589494989

 

 

María del Rocío
García Pérez

Titular del SNDIF

Vivir en familia para ser feliz

OPINIÓN

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